“Soy un ciudadano del mundo, cualquier país…” – Estocolmo, Sverige 30.08.19

“Soy un ciudadano del mundo, cualquier país es mi país. Soy extranjero en cualquier lugar.” Autor desconocido

Esto fue lo primero que leí después de aterrizar en el aeropuerto ahora que vengo a acompañar a mi media naranja porque va de trabajo. Me recuerda a las ocasiones en las que el me ha acompañado cuando yo iba a España y lográbamos coordinar el fin de semana juntos. Ahora me tocó a mí.

Yo siempre he pensado que el hogar es el lugar en el que uno se siente bien. Y eso puede ser en cualquier lugar o en ninguno. Esta frase que leí al llegar me dejó pensando y me pregunté mientras me dirigía a recoger el equipaje, qué tan internacional y tolerante serían esta ciudad y su sociedad.

A parte de este interesante anuncio, aún no veía nada fuera de lo común. Hasta ahora he tenido nulo contacto con este país y me faltan definitivamente puntos de referencia. Eso aún cuando he visto algunos reportajes, he leído y como siempre, antes de viajar, hemos estado aprendiendo un poco de Sueco por medio de una aplicación en el celular.

Como es costumbre, nos decidimos por viajar con el transporte público que tarda 40 minutos. Es la mejor opción al igual que caminar, siempre que quieras conocer a la población del país que visitas.

You get what you wanted  Al autobús subían personas muy distintas en cada parada. Durante todo el camino escuché Sueco, Inglés, Alemán, Español, y varios idioma que no pude reconocer. No estoy segura si la mayoría hablaba Español, o sólo lo notaba más por ser mi idioma.

Varias de las estaciones del metro han sido decoradas de manera muy original. Vale la pena visitar algunas de ellas. Después veo que la burbuja de espacio (space bubble) en Suecia es más amplia que en otros países europeos. “Space Bubble” es el espacio que la gente necesita para no sentir que se invade su intimidad y confirmo lo que he leído diciendo que la distancia que guardan las personas en Suecia es más o menos la distancia del largo de tu brazo. Cuando esperan en algún lugar, las personas se encuentran mínimo a un metro de los demás.

No hemos llegado aún y hace hambre. Mi amorcito dice que existe una taquería que la última vez no pudo probar y así nos pusimos en camino hacia La Neta. Me cuesta creer pero “la neta” que los tacos de suadero están buenísimos y no quiero comer otra cosa.
Después de comer, nos animamos a hacer mi primer recorrido por la ciudad. Mi mejor mitad, como se se dice en Alemán, conoce la ciudad únicamente en invierno. Pero hoy hace un día fantástico de verano: soleado a 20°C. Como empieza a oscurecer, sentimos cómo de repente baja la temperatura cuando sopla el viento. Lástima, que esta vez no podemos cruzar por el lago para ir al ayuntamiento como cuando éste está congelado. Hay que darle la vuelta. Tenemos que caminar un poco más. El calor a veces tiene algunas desventajas…

Estocolmo tiene edificios muy imponentes además del ayuntamiento, que es una belleza. Cada tercer edificio llama la atención, lo que hace muy interesante caminar por la ciudad, que además está rodeada de agua y compuesta por varias islas. Por momentos se está un poco desorientado.

Hemos caminado muchísimo y me doy cuenta que se me olvidó la tarjeta del sistema de transporte que compramos antes por 25 Euros (te la recomiendo) y con la que se puede usar el bus, el metro y al parecer los barcos y catamaranes a algunas de las islas . Esto último no pudimos constatarlo. De castigo y para digerir los taquitos, aprovechamos para ver la zona más turística del centro: Gamlastan.

Hay ambiente de fiesta al término del verano con una luz rojiza como de las cinco de la tarde. La gente disfruta comiendo helado y waffles con fresas y una montaña de crema. Los roles de canela “Kanelbular” son el postre más popular y no me quedé sin probarlo. Obviamente, primero me informé dónde había los mejores. Pagué 5 Euros por un rol de canela que seguramente pesaba mínimo 250 gr. El olor a canela sustituyó al navegador para encontrar el lugar y ese sabor aún lo llevo en el paladar.
Lástima que algunas tiendas están cerradas, de lo contrario, me hubiera gustado probar los zapatos de madera. Aquellos que llamamos “suecos”, los hay abiertos, cerrados y también hay botas. En verano la madera de la que están hechos es fresca y en invierno no es fría. En las tiendas de recuerdos vi muchos caballitos de madera pintados de colores (Dalahäst). Los típicos son rojos con verde y son originarios de la región de Dala, dónde los labraba la gente durante el largo y oscuro invierno.

Hechos pedazos, regresamos al hotel y planeamos ir al siguiente día, sábado, a una de las islas cercanas que conforman lo que se llama Skärgården algo así como jardín de islas.


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